Las medidas relacionadas a la Jornada Nacional de Sana Distancia y la declaratoria de emergencia sanitaria para maximizar el distanciamiento social por la pandemia del nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) pondrán a prueba el rol de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) como herramientas de trabajo y educación a distancia.
La teleeducación y el teletrabajo no son nuevos en México, pero las medidas de distanciamiento social contribuyen a que varias organizaciones consideren su implementación o refuerzo, dependiendo de los recursos disponibles y tipo de actividad. A un mes de que se detectara en el país el primer caso positivo de la enfermedad COVID-19 (finales de febrero), la cifra de casos positivos llegó a 1,094 y 28 defunciones (el 0.1% del total mundial en ambos casos) y se estima que todavía no llega el pico de contagio.
En este contexto, una preocupación según reflejan algunas notas de prensa, es la capacidad de las redes de telecomunicaciones para soportar el incremento de tráfico que pueda surgir. Es sin duda un tema importante considerando que habrá hogares en los que no solo se utilice Internet para trabajo o educación a distancia, pues hay que considerar la convivencia con consumo de plataformas de entretenimiento o comunicación que pueden requerir mayor ancho de banda si se basan en video. Pero también es importante considerar al usuario como punto de partida en cuanto a cuál es su grado de acceso a tecnologías que permiten hacer uso de todos estos servicios sobre Internet.
Aunque en México las tecnologías móviles (banda ancha móvil, smartphones) tienen una alta penetración, un teléfono inteligente puede ser insuficiente para el trabajo o educación remota (aunque puede ser muy útil para establecer comunicaciones). Algunas limitantes pueden ser software que no esté diseñado o disponible para smartphones, requerimientos de seguridad informática o las características físicas del equipo para realizar labores más complejas.
La Encuesta sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación en los Hogares 2019 (ENDUTIH 2019) del INEGI permite realizar una aproximación a la población que puede tener capacidad de equipamiento TIC para realizar trabajo o educación remota, aunque con algunos supuestos bastante arbitrarios.
En resumen, la encuesta sugiere que aproximadamente 33.3 millones de usuarios (29% de la población de 6 años o más, “población usuaria” en adelante) son la población que reúne equipamiento TIC básico para realizar algunas labores a distancia y que el 80% de ese grupo (26.9 millones) ya utiliza tecnología para el trabajo, la escuela o capacitaciones (al menos una o una combinación de esos usos).

Concretamente, el criterio que se utiliza en este artículo es identificar en la ENDUTIH 2019 a los usuarios que utilizan computadora/tableta e Internet, pero que además tienen disponible esas tecnologías en su hogar.
La ENDUTIH 2019 estima que existen 48.1 millones de usuarios a nivel nacional que utilizan algún equipo de cómputo/tableta e Internet, un 42% de la “población usuaria”. Sin embargo, no todos esos usuarios disponen de esas tecnologías en casa. Los 33.3 millones o 29% de la “población usuaria” son quienes satisfacen ese requisito.
Por otro lado, la ENDUTIH 2019 indica que hay una proporción comparable de personas que no tienen ni Internet ni acceso a computadoras o tabletas, aproximadamente 33.1 millones (casi el 29% de la “población usuaria”). El 42% corresponde a usuarios con perfiles mixtos que reportan utilizar Internet y/0 equipos de cómputo/tableta, pero no en conjunto y en el hogar. Se puede argumentar que una parte de ese conjunto puede contribuir a tener en realidad más población con capacidades tecnológicas para la educación o trabajo a distancia (por ejemplo, un usuario con Internet en su hogar que pueda usar una laptop de su trabajo).
La población con capacidades TIC para el teletrabajo o teleeducación está muy concentrada en zonas urbanas. De los 33.3 millones que se estiman a nivel nacional, el 93% vive en zonas urbanas.
Obviamente, la estimación de población preparada para el teletrabajo o teleeducación en función de su equipamiento tecnológico no toma en cuenta las capacidades de la conexión a Internet o de los equipos, las “habilidades digitales” de los usuarios o si es viable que puedan realizar sus actividades a distancia con ayuda de las TIC. Eso puede acotar aun más la estimación de la población que puede acceder a formas de teleeducación y teletrabajo.
Al agregar más categorías para clasificar a la población, la ENDUTIH 2019 sugiere que el perfil establecido como “listo” para el teletrabajo o teleeducación (Internet y computadora/tableta en hogar) está más presente en población de los estratos socioeconómicos altos y, después, entre la población más joven y con más escolaridad. Esta categorización se presenta visualmente a y la ausencia de algún grupo en la gráfica indica que no había población para ese conjunto:
Estas categorías producen muchos grupos, pero el patrón de alta penetración del perfil de usuario TIC con capacidades mínimas para trabajo o educación a distancia (Internet y computadora/tablet disponibles en el hogar) es distinguible, sobre todo al segmentar por nivel de penetración.
Por ejemplo, la mayoría de los grupos en los que el 90% de sus miembros tienen este perfil TIC son de estratos socioeconómicos alto (medio-alto y alto). En este conjunto están, por ejemplo, los usuarios de las generaciones X y “Baby Boomers” de estrato alto con posgrado, pero también figuran los más jóvenes (centennials y millennials) de estrato medio-bajo con posgrado.
En el segmento donde la penetración de este perfil TIC es de menos de 90% pero de al menos 75% aparecen únicamente grupos de usuarios de los niveles más altos. En esa sección se ubican, por ejemplo, las generaciones de la X a la Z de estrato alto con educación superior o esas mismas generaciones de estrato medio-alto con posgrado.
En el grupo con penetración de estos perfiles menor a 75% y de al menos 66% predominan siguen predominando los usuarios de grupos de estratos socioeconómicos altos. En estos niveles están, por ejemplo, los miembros de la generación X de estrato medio-alto con educación superior y los “centennials” de estrato alto con educación básica. También están los miembros de la generación X de estrato socioeconómico bajo con educación superior y los “centennials” de hogares de nivel medio-bajo con educación superior.
En el grupo de perfiles que superan la penetración del 50% pero no el 66% predominan grupos de usuarios de los estratos medio-bajo y bajo. En este nivel están, por ejemplo, los “millennials” de hogares de estrato bajo y medio-bajo con educación superior y los usuarios de la generación X de hogares de estrato medio-bajo que cuentan con posgrado o educación superior.
En el resto de los grupos demográficos con menos del 50% de penetración de perfil con Internet y computadora/tablet en el hogar predominaron los grupos de estratos bajos y medio-bajos.
Las acciones para maximizar la distancia social están resaltando la necesidad de adoptar esquemas laborales y educativos que aprovechen las TIC. La ENDUTIH 2019 sugiere que hay todavía menos de un tercio de la población nacional (poco más de un tercio de la población urbana) que tendría el equipamiento mínimo requerido disponible en su hogar, pero que este perfil es más frecuente en hogares de niveles socioeconómicos altos.
Las capacidades tecnológicas son un componente importante del teletrabajo y teleeducación, pero el factor humano es crucial para estos casos de uso. Debe considerarse que estas herramientas pueden exigir curvas de aprendizaje para docentes y alumnos, sin mencionar la fatiga que este formato puede imponerles. En el ámbito laboral, el teletrabajo también requiere de capacitación y aprendizaje para que los equipos que puedan adaptarse a nuevas dinámicas. También se pueden requerir soluciones informáticas más sofisticadas, como el uso de redes privadas virtuales (VPN) para acceso remoto y seguridad.
Es importante que en el contexto de la contingencia sanitaria por COVID-19 se reflexione sobre el valor de formas de teletrabajo y teleeducación, pero sin idealizarlas. Los datos de la ENDUTIH 2019 sugieren que la capacidad tecnológica desde los usuarios para acceder a estas formas de trabajo y educación son todavía limitadas y concentradas en ciertos estratos.