Opinión | Topes de espectro: política o políticos

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La “preponderancia” es una figura central en el nuevo marco legal de las telecomunicaciones en México, pero no impide automáticamente que estas empresas participen en procesos de adjudicación de espectro radioeléctrico.

Nota: la columna fue publicada originalmente por el autor en Consumo TIC

Sin embargo, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) está facultado para regular dicha participación para armonizar dos objetivos: el uso eficiente del espectro y evitar que los “preponderantes” participen en licitaciones con el propósito de acumular licencias para impedir el acceso de sus competidores a un recurso estratégico.

La Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión (LFTR) indica que el IFT deberá autorizar si pueden entrar a estos concursos y para ello puede recurrir a fijar límites de acumulación de frecuencias (artículo 277) o topes de espectro, como se les conoce también.

Por lo tanto, la “preponderancia” no es el mejor predictor para determinar si un operador puede participar o no en una oferta pública de espectro.

Es imposible ignorar la posición de Telcel con respecto a la banda de 2.5 GHz, que será concursada en los próximos meses: el acuerdo con MVS le da acceso a 60 MHz (32 por ciento de la capacidad de la banda) en la mayor parte del país y tiene hoy el portafolio de licencias más amplio.

Además, si ya explotará indirectamente el espectro de MVS, no se puede descartar que busque acuerdos similares con concesionarios que acordaron en 2013 con la SCT mantener licencias de la banda 2.5 GHz con la condición de que se usen para prestar acceso inalámbrico a Internet.

Los topes de espectro son una herramienta que, aplicada a concursos específicos, puede generar diseños de licitaciones para atender el doble objetivo en política de espectro (aprovechamiento y competencia) partiendo de elementos de infraestructura, como el tipo de redes, la distribución del espectro y bandas en operación.

A diferencia de topes como parte de política de espectro, los topes “políticos” se promueven para limitar a operadores en específico (solicitados por voceros, cabilderos o promotores de algún concesionario). Estos últimos “topes” son perjudiciales en el largo plazo, pues aunque en el corto plazo favorecen a un operador o grupo específico, al final de la ruta vuelven más difícil la capacidad para asignar nuevas frecuencias que permitan el desarrollo de nuevas redes y servicios para la industria en general.

Es contraproducente pedir que se regule el espectro por lo “político” (filias y fobias), cuando en política pública, (policy) lo deseable partir de hechos, escuchar las posturas de los interesados y considerar el desarrollo de la industria. Dicho esto, es preciso conocer que en el continente hay diferentes “sabores” de topes de espectro en el contexto de los servicios móviles.

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