TDT en Monterrey, la narrativa del ingreso y el mito de los telehogares estáticos

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L  as iniciativas del Senado que plantean retrasar el apagón analógica y modificar la política de transición a la Televisión Digital Terrestre (TDT) incluyen exposiciones de motivos que se refieren al apagón analógico en Monterrey, la primera de las tres ciudades más grandes en el país en realizar la transición, como un caso de “preocupación” por haber población sin señal.

Los documentos del PRD y PAN comparan los resultados de dos ejercicios distintos para estimar esta población: la encuesta de Planning Quant elaborada para la SCT y el IFT y una presentada por Nielsen-Ibope. En la primera se determina que 120 mil 795 hogares habrían quedado en esta condición, representando el 10.3 por ciento de los hogares totales en la zona del apagón en Monterrey, no sólo los beneficiarios de Sedesol, que es la población objetivo del programa.

El ejercicio de Nielsen-Ibope refiere que alrededor del 16 por ciento de los hogares en Monterrey se habrían quedado sin señal, pero expresa sus resultados en personas, una unidad distinta a la usada por el programa. De hecho, esta firma ajustó sus resultados hacia los de la encuesta Planning Quant, pues en un inicio reportó 252 mil hogares equivalentes a 924 mil personas y ajustó para reportar 645 mil personas “sin señal” equivalentes al 16 por ciento de los hogares regiomontanos.

El acceso a las metodologías de ambos ejercicios es limitado.

México, como cualquier país que haya realizado la transición digital, tiene población que debe hacer la transición por sí misma. De hecho, el artículo Décimo Noveno de la LFTR que aprobó este mismo Senado así lo dispone al especificar como umbral de penetración TDT el 90 por ciento de los hogares beneficiarios. En otras palabras, esta información nunca estuvo oculta.

Por otro lado, el uso de personas como unidad para calcular el tamaño de la población que queda sin señal o que debe hacer la transición no asistida es meramente especulativa, pues tanto la política TDT como la ley contemplan a los hogares como unidad. Como un hogar no representa un número arbitrario de personas, las diferencias en las estimaciones del número de habitantes por hogar pueden generar diferencias sustanciales y, por lo tanto, distorsiones significativas al evaluar la política pública para TDT y la población que se pudo haber quedado sin señal.

Las exposiciones de motivos sostienen la premisa de que en Monterrey los hogares tienen un nivel socioeconómico superior al resto del país. No obstante, el promedio general no aporta información suficiente para observar su distribución por tipo de hogar.

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Los datos del INEGI en su más reciente MODUITH (2014), levantado junto con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, permite hacer este cruce, disponible en el Anexo Estadístico de TDT de Telconomia. Las estadísticas muestran que al segmentar por tipo de telehogar, esta premisa no se sostiene. De hecho, entre las tres principales ciudades, Guadalajara es la que registra ingresos promedios más altos en los telehogares, incluyendo los que dependen de la TV analógica abierta. En Monterrey, de acuerdo con el análisis de los datos del INEGI, sólo son más altos los ingresos de los hogares que no son técnicamente “telehogares”.

Contrario a lo que sugiere la narrativa de Monterrey como ciudad con más ingreso, la ventaja real de esta ciudad ante el apagón es que contaba con una mayor penetración de servicios de TV paga y receptores digitales.

Por lo tanto, la narrativa del ingreso en Monterrey en la exposición de motivos de los senadores debe ser tomada con reserva ante discrepancias con evidencia disponible en el INEGI.

Por otro lado, los hogares no deben considerarse unidades estáticas. Como se presentó en el reporte TDT en México: retos para la última fase, los telehogares analógicos se han ido reduciendo incluso en fechas anteriores a la política actual de TDT y la penetración TDT ha crecido de la mano de adopción de receptores digitales y servicios de paga.

En suma, la evidencia a nivel nacional no indica un escenario de estancamiento de telehogares en la señal analógica. Y si bien un argumento a favor del retraso de la fecha sería dar otro año para equipar hogares, el periodo de entregas y campañas de difusión ilegales que plantea la iniciativa panista es una barrera para la acción del Estado focalizada en hogares de escasos recursos. Debido a que los hogares han adoptado señales digitales aun sin política de TDT, no hay elementos que contradigan la hipótesis de que concluir las señales acelerará la adopción de receptores o servicios digitales por la población que debe hacer la transición no asistida. Además, restituir las señales analógicas en zonas que han hecho el apagón debe considerarse como una solución ineficiente, pues se presenta una solución generalista para un problema focalizado.

Con esta dinámica, Telconomia mantiene su rango pronosticado en el estudio TDT en México: retos para la última fase que de mantenerse el programa, la población nacional total que deberá hacer la transición no asistida estará entre 1.5 y 2.5 millones de hogares. Por los motivos expuestos anteriormente, no se expresa en términos de personas para evitar distorsiones en el pronóstico.

México no es la excepción en América Latina: la reorganización del espectro de radiodifusión brinda la oportunidad de aprovechar en el corto plazo el dividendo digital en la banda de 700 MHz y a largo plazo el de 600 MHz, que representa el segundo dividendo digital.

En este reporte se expusieron las diferencias entre las iniciativas en el Senado para cambiar aspectos de la política TDT. Si bien el retraso no es deseable, lo más relevante es la estructura de la política pública que debe apegarse a mejores prácticas y capitalizar el progreso alcanzado a través de s ejecución. Una nueva reforma que modifique el marco legal tiene el riesgo de generar asimetrías en el mercado de radiodifusión si obliga a “resucitar” señales que ya se apagaron y puede ser ineficiente si el Congreso propone periodos de “veda” y no garantiza los recursos necesarios para financiar un programa que requiere la expansión del gasto público.

Si bien la banda de 700 MHz hoy está prácticamente despejada y se usará para el proyecto de la red mayorista compartida, este no será el último evento de reorganización de espectro de radiodifusión. Una política de transición a la TDT llevada a cabo en tiempo en forma y brindando certidumbre es un precedente que va sentando las bases de cómo será el proceso para el segundo dividendo digital que involucrará la reorganización del espectro de 600 MHz para su uso en telecomunicaciones móviles.

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